lunes, 19 de noviembre de 2007

Elogio a la locura


Lo primero que pensé al ponerle título a este aporte es en la imagen del Loco Vargas corriendo a celebrar, emocionado mas que eufórico, con el polo a medio subir casi tapándole los ojos y tratando de enseñar el mensaje de un polo mientras el Memo, Chicho o Coné (elije el que más te guste) Salas se le trepa con su porte de niño adulto, con el mismo cuerpo frágil que Lucio "el loco de la guerra" (Tanque Arias dixit) remecería -cual choque de BMW y mototaxi- minutos más tarde en un cabezazo dividido*.
Pero mas allá de la prodigiosa locura de Vargas, la locura que se vive en el Perú los días en que juega la selección no es nadita desdeñable. Tiene razón Renato Cisneros cuando deja entrever, en su columna de hoy del Comercio, que los goles de Perú son momentos de colectivas catarsis desesperadas, de carajos y conchesumares, en suma, los únicos segundos que tiene el hincha peruano para salir un poquito de su miseria. No hay nada peor que perderse el gol peruano, ahí nomas se fue la oportunidad de volver a sentir esa emoción incalculable de ver el tiempo detenerse cuando las redes rivales se inflan.
Ayer, tras el implacable zapatazo de Varguitas, la blanquirroja nos regaló el primer y único momento de gol en tres partidos. Una estadística no muy favorable: después de 270 minutos de juego sólo un lateral ha gritado gol. Los delanteros no parecen sacudirse del nerviosísmo que los abraza cuando, cómo dice Toño Vargas, las papas queman. Con el partido de ayer, creo que curiosamente Pizarro es, hoy por hoy, más Mendoza que el mismo Cóndor quien, sonrisa amplia como siempre, entró muy entonado para crear peligro e impedir las trepadas de Maicon.
Pero Andrés no fue el único que sorprendió gratamente en la selección. Carlos Lobatón, Diego Penny y Guillermo Salas debutaron en las eliminatorias con el pie derecho. Lobatón acompañó y simplificó el trabajo del veterano Pulpo en la contención. El celeste cortó, quitó y entregó siempre al pie y, por momentos, ayudar a encender la chispa de ese toque peruano que tanto encandila pero que tiene la mala costumbre de pasar meses sin prenderse.

Lo de Penny fue tan notable que me pregunto si Leao Butrón hubiera llegado a sacarle ese segundo gol a Kaká, el de la mano cambiada. No es que Leao sea malo, es que Penny estuvo superlativo. El golero del Bolo siempre dio seguridad a la zaga y, salvo una salida en falso en los últimos minutos del encuentro, siempre eligió la mejor decisión posible, firme y seguro. Y logicamente lo del Coné Salas (yo prefiero decirle asi) fue la mayor sorpresas de todas. ¡Quien lo diría! Coné fue el que mejor reflejó la actitud que tuvo el equipo peruano ayer. El equipo nunca se dio por vencido y pudo contestarle al pentacampeón del mundo con concentración y entrega, jugando al 110%, como Coné.

En otras palabras, jugando como equipo chico. Entrar a la cancha con once guerreros super concentrados, con delanteros conscientes de que las pocas oportunidades tienen que ser aprovechadas. No somos más que nadie en Sudamerica, verán que los demás equipos si le ganan a Brasil en casa. Si los canarinhos juegan como en el Monumental, se iran con tres goles en la canasta de Buenos Aires, Asunción y Montevideo. La parsimonia exhibida por Ronaldinho y la desidia de Robinho (cuyo máximo esfuerzo fue para levantar la pata hasta dejar las marcas de sus cocos en el cacharro de Vargas) son gestos que el pueblo peruano agradece.

En conclusión, no sólo contra Brasil debemos esforzarnos al máximo, recuerden que Paraguay no nos ganó de milagro. Si Perú quiere tener alguna chance de pelear por un cupo al Mundial, debe jugar con ese nivel de concentración y aun más ante la mismísima Bolivia. ¡Este miercoles todos a mandar buenas vibras!
* Tal como lo muestra la foto, el que se cuelga de Vargas es Paolo de la Haza, no Coné Salas... ¿pero no hubiera sido mejor que sea el Coné?