lunes, 24 de septiembre de 2007

Lecciones desde el sur (y que sigan llegando)



De la extradición de Fujimori se ha dicho mucho y nada en los últimos días. Lo hemos visto demacrado en un aeropuerto mapocho, partiendo hacia el país ¿que lo vio nacer? con la mirada ingrata del que la debe y la teme. Pero a su vez también lo hemos gozado radiante y tranquilo, en el papel del abuelo de sabiduria oriental, sosteniendo en brazos a una dulce niña chilena llamada Connie que, al parecer, lo adoraba. Cabe preguntarnos si la campaña ya empezó.


La llegada del Antonov de la Policía y la cobertura en vivo que le dieron todos los canales de señal abierta al magnánimo evento fue curiosa por decir lo menos. Frecuencia Latina incluso canceló la transmisión del partido entre la U y el Total Clean (que al menos yo, que no tengo cable, esperaba) sin que medie disculpa alguna con nosotros, los de por sí entristecidos aficionados al fútbol local. La llegada de Fujimori al Perú, en la tarde somnolienta de un sábado color panza-de-rata limeño, fue pues la versión chollywood de la llegada del hombre a la luna.

Función a telón cerrado

Sin embargo la expectativa generalizada tuvo poco eco en la actuación parca y sobreprotectora de parte del gobierno, quienes orquestaron todo como si se tratase de un presidente en actual ejercicio, un amenazado exiliado político o el Salman Rushdie peruano. Que sepamos todos queríamos ver a Fujimori esposado, detenido, hasta avergonzado. Nadie quería matarlo y los únicos francotiradores burlados fueron los que esperaron disparar instantáneas con flash para obtener la mejor imagen posible en los medios.

Es un gusto negado y que si bien es consecuente con las declaraciones oficialistas de evitar hacer un circo, resulta un inmenso favor a las huestes fujimoristas que apenas conocida la sentencia de la Suprema corte chilena empezaron con la cantaleta de reclamos para su "investidura" de ex jefe de estado. A juzgar por las imagenes de su depa en el SIE durante sus años de presidente, los arronchados fujimoristas seguramente se refieren a la necesidad impostergable de instalarle un jacuzzi como el de antaño y un mapa del Perú gigante para que pueda reeditar a discreción el que fuera su mensaje más infausto pero no por eso menos popular: "Diiisooolver, di-sol-ver el Congreso de la República", ¿quién sabe? álgún día podría reeditarlo en versión reloaded. ¿O no?

Pero la renuencia del gobierno de dar evidentes signos de apoyo al extraditado parecen haber llevado a la funesta alianza apro-fujimorista a su etapa más álgida. Lo que siempre se temieron los compañerísimos parece haberse trocado en realidad. En menos de una semana los fujimoristas anunciaron que usarían todas las armas políticas a su alcance para obtener escándalosos beneficios para Fujimori. Y vaya que Keiko lo dijo clarito, como diría Phillip Butters como pa' bruto: quieren que se le juzgue en libertad.

Consecuencia sureña

Sin embargo, el APRA parece haber capeado la situación y su tan mentada alianza con los fujimoristas se vio fortalecida con el voto de la bancada naranja contra la censura de Alva Castro, censura que no prosperó gracias a la tibieza moral de UN, una bancada que ve en la actual gestión del Apra, la gestión económicamente "responsable" que ellos prometieron en su campaña, asi que desaveniencias en temas de fondo no tienen, los dos grupos políticos gobiernan para la misma oligarquía.

Pero lo mejor de este capitulo en la novela Fujimori es la clara muestra del compromiso chileno para con el derecho internacional y la solidez de sus instituciones democráticas. Me hace pensar que no por nada Chile fue el primer país sudamericano en adoptar el sistema congresal en su aún joven república y desarrollar movimientos cívicos y partidos democráticos, mientras por acanga íbamos de golpe en golpe, de caudillo en caudillo, de militar en militar. Sin norte, esperando la llegada del futuro.*

Hubiera sido muy fácil para la cochinadita sin fronteras arrimarse a la infame sombra del la infantil (¡¿copy paste?!) sentencia preliminar del tremendo juez Orlando Álvarez (que de hecho sacó su mermelada); es más, no era nada difícil imaginarse un panorama asi de desolador para el Perú ya que al menos un par de los jueces de la Suprema chilena eran abiertos pinochetistas.

Pero no. Chile nos dió una lección que todas las instituciones democráticas peruanas, llámese Congreso, llámese Poder Judicial, llámese municipios, y cómo no, llámese poder ejecutivo deberían imitar. ¡Ojala ese apego al orden y derecho internacional de nuestros vecinos también lo muestren cuando sea hora de acatar el fallo de La Haya, sea cual sea el resultado!



* Claro que todo ese orden democrático estuvo orientado a prepararse para la Guerra, pero ese es, como se dice vulgarmente, nuestro roche ya.











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